martes, 20 de noviembre de 2012

Historia El Sueño de la Estrella

DATOS


Título: El Sueño de la Estrella (junio 2010).
Autor: Pilar Rubio.
Género: Fantasía (Infantil/Juvenil).
Núm. Páginas: 5 disponibles (total 71).
Tipo: Prólogo y primer capítulo.
Descarga: Aquí.
Web Autor: Web Pilar Rubio.






SINOPSIS
Martín siente una gran fascinación por su abuelo desde pequeño. Él lo envuelve con sus fantásticas historias y hace que su nieto desee con todas sus fuerzas viajar a un mundo mágico, alimentando así su fantasía. Además, su abuelo le contagia su adoración hacia las estrellas, pequeñas luciérnagas, como las llama el niño. Sin embargo, Martín no sabrá cómo viajar a esos mundos mágicos y su abuelo no parece estar dispuesto a contárselo por una especie de pacto que hizo hace años con las estrellas. Un día, la suerte estará de parte del niño y encontrará una estrella caída del cielo que le concederá una serie de deseos; deseará lo que tanto anhelaba: ir al mágico mundo que fue su abuelo cuando era joven.

Martín se despertará en el Mundo de los sueños, una dimensión diferente, donde conocerá a diferentes criaturas mágicas y vivirá inquietantes aventuras con su amiga Shara. No obstante, tendrá que regresar a su casa dejándolo todo atrás, como si nada de aquello hubiese existido. Pero… ¿realmente sucedió todo o sólo fue un sueño de Martín? ¿Logrará descubrir el misterio que une a su abuelo con el Mundo de los sueños? ¿Conseguirá deducir cuál es la función que cumplen todas las estrellas del cielo? Son muchas las preguntas que un niño de nueve años deberá resolver a contra reloj en un mundo que no es el suyo pero al que está ligado directamente por sus antepasados.



HISTORIA
Prólogo
Empecé a escuchar un ruido muy raro, cerca, por encima de mi cabeza. Abrí los ojos. Ya no estaba en mi cama. Estaba en el suelo rocoso de un lugar que no conocía.

Miré hacia arriba y vi a un dragón peleándose con otra criatura. Se mordían, se arañaban y chocaban fuertemente, provocando un ruido que parecía como si el cielo se fuera a romper.

Miré desconcertado a mi alrededor. No sabía que estaba pasando. A mi lado vi a la estrella, a mi estrella. Y entonces supe lo que estaba sucediendo… mi sueño se había hecho realidad.

Estaba en el Mundo de los sueños.


Capítulo 1
Luciérnagas
Una vez mi abuelo me contó que más allá del cielo, y muy lejos de nosotros estaban una especie de astros llamados comúnmente estrellas. Las estrellas eran esas pequeñas y brillantes lucecillas que se veían en lo alto, a miles de millones de kilómetros de nuestro alcance y que nos alumbraban en las frías y oscuras noches para que no nos perdiéramos. Estos astros me recordaban a las luciérnagas, pequeños bichitos que en la oscuridad se iluminaban, aunque éstas no brillaban tanto como las estrellas.

La primera vez que miré al cielo pensé que estaba todo repleto de las pequeñas luciérnagas; sin embargo, Él me corrigió enseguida y me empezó a contar todo lo que sabía acerca de las estrellas. Me contó historias que yo no sabía si de verdad eran ciertas o si por el contrario se las había inventado para entretenerme, pero el caso era que a mi me gustaban por dos motivos.

El primero era porque las historias eran bonitas y me gustaba pensar que eran ciertas ya que el abuelo nunca mentía. Aunque tal vez estas pudieran ser sus primeras mentiras. El segundo motivo, era que me encandilaba escuchándolo hablar porque como Él había vivido tanto, conocía muchísimas más cosas del mundo que yo y cada rato que pasábamos juntos era como un pequeño milagro.

Aprendía mucho, y cada día lograba parecerme más y más a mi abuelo, ya no por la forma de ser sino porque hasta en los gustos y aficiones coincidíamos. Y eso era bueno, porque para mí Él era mi perfecto modelo a imitar, poque era lo más perfecto que existía, mucho más que los ángeles. ¿O a caso mi abuelo era un ángel?

Mi madre no se parecía mucho al abuelo. Era más parecida a la abuela Matilde, ambas eran muy realistas y les gustaban las cosas que podían ver y tocar porque así sabían que de verdad existían. Pero la abuela ya no se encontraba entre nosotros. Hacía ya dos años que se había ido al cielo.
-Está con las estrellas.-solía decirme el abuelo cuando mirábamos al cielo, y yo le creía.

Esto me hacía aún más interesarme por las estrellas. Porque si era verdad que la abuela vivía con ellas y Él sabía mucho a cerca de esos astros, entonces sabría cómo se encontraba mi abuela. Esa era la única forma de estar cerca de ella.

Mamá me aconsejaba que no me creyera todas las historias del abuelo. Me decía que solo aceptara la realidad y no la magia. Y es que era normal que ella dijera eso porque era maestra en el colegio al que yo iba. No quería creer en la magia puesto que no quería enseñarles a sus alumnos algo que no sabía si existía de verdad, por eso ella siempre me compraba libros de aventuras, de detectives, de misterios… pero nunca de fantasía. Aunque de eso se encargaba el abuelo. Él decía que debía de conocerlo todo y que él mismo se encargaría en enseñármelo; por eso cada noche que era día de fiesta me llevaba a la terraza o al parque y contemplábamos las estrellas mientras me seguía contando sus aventuras.

Papá me decía que no le hiciera mucho caso a mi madre y que creyera en lo que quisiera porque a mis diez años ya debía de saber elegir lo que se podía considerar real y lo que no. Y es que papá era electricista y como él decía, solo podía enseñarme que los cables y la luz existían.

-Yo creo que deberías dejarte guiar por tu abuelo.-me dijo una tarde.-Ya tendrás tiempo de vivir la realidad cuando seas mayor.
Y así lo hice…
****

Acababa de llegar del colegio cuando lancé la mochila al suelo y salí corriendo escaleras arriba para abrir mi regalo. Era 7 de Marzo, mi cumpleaños, y nada más levantarme ya había recibido mis primeros regalos. Unas zapatillas nuevas de fútbol, un cuaderno nuevo y un robot como el de mi amigo Lucas adornaban la cama... pero también había otro regalo, el del abuelo. Él había madrugado especialmente para dármelo pero mamá había insistido tanto en que era tarde e íbamos a llegar tarde, que no había podido abrirlo.

-¡Es tarde, Martín! Lo abrirás a la vuelta.-me había dicho mientras tiraba de mí hacía la puerta principal. Y es que ella sabía lo que sucedería si lo abría.

El paquete era algo rectangular, sin duda, envuelto en un papel verde, mi favorito. Rompí el envoltorio y descubrí un libro. Pasé los dedos por la portada en relieve mientras leía el título. <Mi nuevo mundo>, ponía.

Abrí el libro por la primera página. Había algo escrito a mano y enseguida descubrí que se trataba de su letra, alargada y pequeña. Lo leí.

<¡Feliz cumpleaños Martín! Espero que te guste el libro porque lo escogí pensando en todo lo que vas a conocer con él. Seguro que algún día logras conocer esto en persona, mientras tanto yo te seguiré contando mis aventuras. Tu abuelo.>

Sonreí para mis adentros y pasé a la siguiente página. No pude resistirme ni un solo segundo más y empecé a leer.
****

Esa misma noche el abuelo y yo hicimos una escapada medio nocturna a la terraza de la casa. Y apenas cuando empezábamos a contemplar las estrellas le pregunté:

-Me has hablado mucho de los seres mágicos pero nunca me has dicho si los has visto de verdad.-hice una pequeña pausa para poder hacerle una pregunta.- ¿Alguna vez has tenido uno tan cerca como para tocarlo?
Se lo pensó durante unos segundos y luego habló.
-Eso lo descubrirás por ti mismo porque cuando deseas algo con mucha fuerza, se cumplirá aunque pienses que es imposible.
No comprendí muy bien lo que me quiso decir con aquello, pero Él continuó.
-Yo solo voy a hablarte de las estrellas. El resto te toca hacerlo a ti.
Mientras Él miraba al cielo en busca de las palabras exactas para decirme solo lo justo que necesitaba saber, yo contemplaba anonadado el libro que tenía entre las manos.
-Las estrellas tienen una única misión a lo largo de su vida. Poseen unas inmensas capacidades para hacer lo que hacen, y por ello deberíamos estarles agradecidos.
-¿Y qué es lo que hacen?.-lo interrumpí.
-Les prometí que no se lo contaría a nadie, y por eso no puedo compartirlo contigo; sin embargo, hay una forma de conseguirlo…-el abuelo titubeó y luego continuó.-No todas las estrellas cumplen sus normas…algunas se comportan indebidamente porque tienen unos deseos muy fuertes de saber cómo viven los humanos. No entienden cómo puede ser que teniendo muchas cosas, deseemos con codicia otras.
De pronto, guardó silencio. Era como si hubiera dicho algo que no debía, o tal vez acababa de darme alguna pista a través de la cual podría indagar y averiguar. Aunque la verdad era que si existía esa pista, yo no la había encontrado aún.

No hablamos más esa noche. Al día siguiente había colegio, y por lo menos yo tenía que madrugar…En los días consecutivos tampoco salió a la luz el tema, salvo la tarde en que me encontraba haciendo los deberes en el salón. La profesora de Conocimiento del medio nos había mandado hacer unas actividades de comprensión lectora sobre un texto que trataba de los planetas, y justo en el momento en que leí la palabra clave supe que esa era la oportunidad que había esperado.

-Tú las conociste, por eso sabes tantas cosas.-dije.-Ellas te contaron todo lo que sabes, ¿no?.
El abuelo dejó caer el periódico a un lado del sofá y se acercó a la mesa donde yo estaba. Sus ojos fueron directos al folio y más concretamente, a la palabra que mi dedo índice apuntaba.
<Estrellas>
-Las estrellas no me contaron nada porque no tienen la capacidad de hablar como nosotros. Todo lo que sé lo aprendí del tiempo que estuve con ella.
Ella. ¿Quién era ella?
Mi cerebro intentaba pensar y analizar toda la información mientras Él seguía hablando.
-Pero estoy seguro que si ellas se pusieran en contacto contigo, tú sabrías como hacer que te hablaran.
-Tú sabes cómo hacer eso…-acerté.
-Sí, pero yo ya perdí mi oportunidad. Cada persona tiene una única oportunidad cuando se le presenta una estrella. La cuestión es aprovecharla o no.
-Tú la aprovechaste.
El abuelo negó con la cabeza y luego me dijo que Él aprovechó su oportunidad a medias. Él se dio cuenta de todo lo que podría haber llegado a aprender con las estrellas cuando ellas se marcharon de vuelta a su hogar, a su lugar en el cielo.